Ermita de la Estrella

Descripción artística-arquitectónica de la Ermita

La Ermita de Nuestra Señora de la Estrella fue fundada por la cofradía de igual nombre, que tenía su sede en la vecina Iglesia Parroquial de Santiago del Arrabal. En la plaza que acabará llamándose de la Estrella, y junto a la ermita, existió un pequeño hospital, como asilo transitorio de pobres, con la advocación de Santiago y también a cargo de la citada cofradía de la Estrella. La primitiva ermita que ocupará el lugar de la actual, es derribada , ya en estado ruinoso, a fines del siglo XVI y, al parecer, existía desde 1335, según una inscripción que había en el anillo de su media naranja dónde se citaba la era de 1373 que equivale al año 1335.

La construcción de la actual ermita, con obras de cimentación y preparación del terreno ya efectuadas, va a ser acometida en 1611, “conforme a la planta y modelo y perfil fecho” por Juan Bautista Monegro, ya entonces maestro mayor catedralicio, según reza la última de las condiciones redactadas al efecto. Salvo su pétrea portada, a la que aludiremos, el resto del edificio que hoy podemos contemplar obedece a este proyecto de Monegro.

Por escritura a favor de la cofradía de la Estrella, de 27 de abril de 1611 el maestro toledano Juan Rodríguez se comprometía a realizar las obras siguiendo la citada traza. En días sucesivos, la obra es pregonada públicamente. Efectuando varios maestros sus correspondientes posturas con sucesivas bajas en el precio total de la obra, también el citado Juan Rodríguez. En 1 de mayo, lo hará el alarife de Toledo Baltasar Hernández, en la misma fecha, el maestro Juan del Puerto y al día siguiente el maestro Juan del Valle. El 3 de mayo bajas sucesivas de Juan Rodríguez, Juan del Valle y, nuevamente, Rodríguez, que finalmente, junto con el maestro Francisco Martín de Vidales, contratará formalmente la realización de las obras, el 3 de mayo de 1611; en la aludida fecha ambos maestros son fiados por el mencionado Juan del Puerto y el alarife de Toledo Juan de Celis.

Ignoramos cuando concluyeron los trabajos de construcción de esta ermita, que continuaban a fines de septiembre de 1611, fecha en que dos vecinos de Añover de Tajo (Toledo), se comprometían a proporcionar la cal necesaria, “para la obra de la hermita de Ntra. Señora de la Estrella”. Por otro lado, el 19 de octubre de 1611, Manuel Rodríguez, cantero toledano, otorgaba carta de pago a favor de la cofradía de la Estrella, por los 1.805 reales “que montó la cantería hecha en la hernita de la dicha ymagen habiéndose visto y medido y a los precios conbenidos”.

La Portada

Este último testimonio documental nos confirma que en la fecha indicada está realizada la obra de cantería de la Ermita, que, sin que se aluda a la portada, había sido contratada por Manuel Rodríguez, según escritura de 17 de marzo de 1611, para ser realizada con piedra berroqueña de las localidades toledanas de Ajofrín y Sonseca, comprometiéndose a “asentar las hiladas que se le pidieron de las dichas piedras desde el suelo y olladero escodadas y atizonadas las piedras y Ellas bien trabadas y trinchantadas”. Por todo lo dicho, así como por el escaso precio señalado, queda claro que la mencionada obra de cantería se refiere al zócalo de piedra de la Ermita, lo que así mismo confirman las condiciones de la obra.  En estas se dice textualmente que en “La puerta prencepal quedaran los pilares y dintel relevado adentro para el sentar la portada”, es decir, queda preparado el hueco que acogerá a la citada portada, en piedra, de columnas toscanas y acceso bajo un arco de medio punto. La actual portada de la ermita de la Estrella es de realización bastante más tardía que el propio templo, siendo realizada hacia mediados del siglo XVII por el maestro de cantería toledano Juan de la Fuente, sin que sepamos a quien se deben las trazas de la misma.

Estilísticamente, aunque siguiendo el sistema monegrino de portada retablo, es muy cercana a la de la Iglesia conventual de las Benitas Recoletas de Toledo, obra de José de Ortega, realizada en 1655. Ya la perdida de plenitud, el mayor volumen y plasticidad de los elementos de esta portada, así como el retranqueamiento de determinadas partes del entablamento de su cuerpo, denuncian una fecha mas tardía que de la de 1611 de erección de la ermita.

El Camarín de la Virgen

El otro aspecto importante que la documentación relativa a la obra aclara, es el referente al camarín de la Virgen o estancia situada tras el altar de la imagen, que si corresponde a lo realizado en 1611, según las trazas de Monegro; alguna vez se ha supuesto que es una realización posterior, pero ya entre las condiciones de la obra se detalla lo que hay que realizar “en lo que ay detrás del altar de nuestra señora”.

El Retablo

Lo que se hace posteriormente, en 1625, es un retablo de madera que se acopla a la capilla mayor de la Ermita, que queda como antecamarín, retablo cuya ejecución contrata, el 28 de septiembre, el mencionado José de Ortega “ensamblador de arquitectura”, fiado por el pintor Ambrosio Martínez, según unas precisas condiciones redactadas al efecto, que nos ponen de manifiesto que no se trata del actual retablo mayor de la ermita, que ocupa su lugar, de columnas salomónicas, y seguramente obra ya del siglo XVIII.

Lo que es la Ermita propiamente dicha, tiene una planta cercana a una cruz griega, pero al prolongar la nave y el presbiterio, respecto a los brazos del amplio crucero, queda potenciada la axialidad de la edificación en el sentido del eje longitudinal pies-testero, lo que hace que se pierda la posible idea de planta centralizada, sobre todo al sumar tras el presbiterio y en el citado eje el camarín de la virgen.

Tiene coro en alto a los pies del templo, que se prolonga en sendas galerías laterales, de escaso desarrollo, y capilla mayor o presbiterio, ligeramente elevado respecto al crucero que es ancho pero de brazos cortos. Tras el presbiterio, y abierto hasta este mediante amplio vano, u hornacina de fondo abierto, rematado en un medio punto, se dispone una estancia cuadrangular –el camarín– cuyo acceso se efectúa desde la sacristía, que a su vez se sitúa lateralmente al presbiterio en el lado de la epístola.  El tramo a los pies de la Ermita, que hace las veces de nave, y los brazos del crucero, presentan bóvedas de medio cañón con lunetos, también un medio cañón pero sin lunetos se dispone como cubierta del presbiterio. Sobre el tramo central del crucero se levanta una cúpula sobre pechinas, fajeada y ciega. Todo el interior esta jaharrado y los elementos de articulación verticales son pilastras toscanas, sobre las que corre el correspondiente entablamento. El camarín, por su parte, tiene una cubierta cupuliforme de superficie avenerada.

Al exterior, sobre el aludido zócalo de piedra, se disponen los paramentos realizados en aparejo mixto de ladrillo-mampostería. La cúpula no trasdosa su curvatura, y los perfiles son rectilíneos, delimitando volúmenes acusadamente cúbicos. Las cubiertas, marcando aguas, son de tejas curvas.

Esta ermita de la Estrella, de gran sencillez, resulta muy interesante y prefigura, de manera clara, lo que serán las contrucciones religiosas barrocas con camarín, con la idea de exposición y presentación al fiel de determinada imagen de amplia devoción popular.

Supone esta ermita la simplificación de complicados conjuntos de espacios concatenados, de raigambre manierista, como es en Toledo el conjunto del Sagrario catedralicio, tal y como fuera ideado y trazado, en la ultima década del quinientos, por Nicolás de Vergara el Mozo.

Aquí, en la Ermita de la Estrella, son dos unidades, en si mismas centralizadas, capilla y camarín, concatenadas según un eje longitudinal. Lo que es la capilla propiamente dicha prolonga, hasta algo más del doble de los brazos del crucero y en el sentido longitudinal comentado, su nave y presbiterio. A ello se añade, siempre en el mismo sentido axial, la otra unidad o camarín, tras el presbiterio. A este desarrollo longitudinal colabora, así mismo, el especial y cuidado sentido de la verticalidad, que se hace patente sobre todo en la articulación interior del crucero y su cúpula.

La finalidad de esta sutil concatenación de espacios en el contexto contrarreformistico dominante, es la exposición de la imagen de Ntra. Sra. de la Estrella para ser contemplada desde la portada de la Ermita, una de cuyas puertas permanece siempre abierta provista de la correspondiente reja. La imagen de la titular del templo no se sitúa en el propio camarín, sino en el retablo dispuesto en el presbiterio, que hace las veces de antecamarín, con lo cual no estamos aún en un pleno camarín barroco.

Lo que si se consigue perfectamente en esta ermita toledana, es una muy especial iluminación de la imagen, así situada ante el camarín que, al contrario del resto del templo, más bien escaso en vanos, permite ampliamente la entrada de la luz por su muro occidental, precisamente a la puesta del sol, en el momento del Ángelus vespertino que, en la reja de la portada, rezaría el fiel ante la imagen de su devoción así expuesta y presentada.

Es así mismo patente en esta ermita de nuestra atención la idea apuntada de prefiguración del camarín barroco, concebido como lugar de “habitación” de la imagen religiosa, y cuya configuración se realiza, en la arquitectura barroca española, a partir de espacios añadidos y combinados con estructuras retablísticas, bajo ideas escenográficas tan propias del teatro barroco contemporáneo, singularmente los autos sacramentales. En esta ermita toledana, la imagen de su titular aún no “habita” el camarín correspondiente, que es claramente un espacio asociado y en función de dicha imagen y su retablo en el sentido apuntado.

Portada Principal de la Ermita de la Estrella

Plano de la Ermita de la Estrella

Coro de la Ermita de la Estrella

Retablo de Nuestra Señora y Cúpula

Una pequeña pinacoteca

En el año 2010, se restauraron 14 lienzos históricos. Dirigida por Jorge Manso de Zúñiga, la obra puso en valor gran parte del patrimonio pictórico de la Hermandad.

Asunción de la Virgen María

Anónimo

Felipe V

Anónimo

Inmaculada Concepción

Anónimo

Isabel de Parma, consorte de Felipe V

Crucificado en el monte Calvario

Anónimo

San Ignacio de Loyola

Anónimo

Martirio de San Sebastián

Anónimo

San Juan Bautista

Anónimo